Cuando Lucy atravesó el cielo nacieron los colores. Los diamantes solo le daban un toque glamuroso a un ser que brillaba por sí solo.
Las mentes populares se llenaron de sueños de patriotismo y el pensamiento interior de estás se lleno de libertad. Los seres humanos se salieron de lo común y se reunieron en grupos para iniciar sus propios movimientos de revolución. Y entre aquellos campos de dudas, un hombre cantó para iluminar a quien quería escuchar, apareciendo así, unos pocos afortunados capaces de centrarse, dejar de perder el tiempo, eliminar malos ratos y poder apreciar los verdaderos colores del vestido de Lucy y lo bonito que resultaba ver su pelo amarillo, verde, rojo, azul o negro moviéndose con el viento. Entonces la voz que se había alzado para enseñar, se quitó el sombrero, se marchó con los suyos y dejó a la mujer, al color, al brillo de los diamantes y a Lucy, en la mente de cada uno de nosotros.
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